20110929

Se me caen, mundos por victorias,
y me clavo puñales frente a frente
contra mi mismo, desde el espejo,
desde la mente de alguien de fuera,
o desde la visión de lo que está mal.

Tengo delante, sin poder vislumbrar
pero si ver bien definida su forma,
una calavera hecha de ámbar, luz,
y manantiales de sangre aún cálida.
Es mi compañía en las noches frías.

Y tras mi espalda, tapando el sol,
me persigue la carga de cada acto,
la reacción a cada uno de mis males,
la Espada o la ballesta, firme o cierta,
que buscan hacer de mi un cadáver.

Y no tengo manos, espalda o frente,
solo dos alas en mi abstraída mente,
que me ayudan a planear y volar,
sobre esta absurda llanura creativa.

20110922

Me lanzaría de espaldas al Sol, quemándome,
hundiéndome en su corteza de fuego y sangre,
con tal de tener frente a mí tu figura de luz.
Podría observarte detenido en la eternidad,
ardiendo, sufriendo, llorando y amándote.
Me mantendría mientras tu cuerpo siguiera
detenido, acompañando mi doloroso paraíso,
y clavaría mi mirada en tus vacías emociones.

Dolería mi alma, herida y lamentable, penosa,
y sin embargo jamás me habría sentido pleno
hasta el momento de haberme sacrificado a ti.
Jamás dejaría mi inútil lucha contra mi calor,
si fueras tú mi camino, hogar, destino y razón.
Mi lento arder ante las brasas heladas de tus ojos.

Me dejaría quemar, siempre que tú estuvieras allí,
y esperaría a ver mi cuerpo calcinado, solo por
comprobar si en el último momento me recogerías,
o si por el contrario, como ya sé, girarías tu luz.
Y yo seguiría allí incluso aún cuando muriera el Sol.
Mi alma, mi cuerpo, mi tesoro,
y destrozaría mis facultades,
todo para poder verte entre todo.
Caminaría por sendas oscuras,
sin saber si tan siquiera estás
al final de tan horrible recorrido.
Llamaría a mil puertas de acero,
buscando tu perdón y tus caricias.
Y al final me encontrarías tú a mí,
sentado sobre duras rocas afiladas,
descansando sobre miles de alfileres.
Conseguirías encontrarte a ti mismo
sin que yo nos hubiera encontrado.

20110920

Decadentismo, yo, yo voy, a la deriva,
hundiéndome y ahogándome después.
El tiempo me ha cubierto de polvo,
ha oxidado esos mecanismos de oro
que antaño llegaron a ser hasta amor,
y ahora no cesa mi lento derrumbar.

Yo he sido, el propio autor de mi fin,
y me he llevado por mil caminos falsos
donde el perderme era mi salvación,
inconsciente yo de que todos, siempre,
necesitamos algo sobre lo que vivir,
o un apoyo donde caer un día muertos.

He dado mi vida a la lujuria, a la pasión,
al desenfreno propio de lo satisfactorio
y he conseguido vivir donde nada vive,
donde nada crece, nace o se desarrolla,
pero al precio que es el dar sentimiento
por vivencias plenas, pero todas solitarias.

Ahora que conozco el éxtasis o la muerte,
que conozco lo que es sentir o vaciarse,
que puedo llorar horas por el futuro
o soñar miles de años por el pasado,
puedo derribar mis muros y cristales
para acercarme al mundo y sentir algo.
Pero no derribaré mi mundo, y yo, solo,
saldré para caminar por prados circulares
siempre que me pueda perder en su verde.
Me dejo llevar por nácares y frutas,
como un viejo y ardiente marinero,
quien vacía su mente de frío y calor
mostrando así sabiduría y libertad.

Extendiendo mis brazos a lo eterno,
recojo el viento bravo a mi espalda
notando alma y desiertos rozarme.
Galopan cuatro caballos en el mar
y arrastran cuadros de pecho y sal,
dejando un rastro fino de espumas,
donde afloran continentes y verdad.

Nacen mil infinidades en los límites,
horizontes de imaginación y realidad,
entrelazándose y formando con hilos,
aquello a lo que llamamos universo.
Pasarán tantas eras como suspiros,
y llegará aquel dulce entendimiento
que nosotros nunca quisimos entender.

Pero se habrán marchitado las horas,
excelente flor de medición y precisión
que solo abarca espacio pero no tiempo,
y quedarán solo pétalos por punteros.

20110918

Desarraigo, oigo susurrar a la Marea,
cubierta de polvo y finas telas de seda.

Mueve con su bravo y fiero movimiento
el amasijo que es mi barco y corazón,
con rumbo a ningún lugar, ni destino,
teniendo por brújula el desconcierto.

Se mece a paso lento, constante, eterno,
hacia un hogar que nunca he conocido,
y que nunca llegaré del todo a conocer,
por estar enterrado bajo mis arenas.

La Marea, amante lujuriosa y pasional,
regala en silencio a mis oidos, una melodía,
que gana en distancia cada segundo,
y se cobra mayor fuerza con el tiempo.

Ese tiempo inerte, que nos roba siempre,
que se lleva todo aquello que le dejamos,
y no sabe que no solo queremos recuerdos,
si no que también necesitamos detenernos.

Se va, y luego viene, todo, una y otra vez más,
sin importancia alguna, en la superficie,
pero de terribles consecuencias en lo hondo,
donde se agitan convulsas, corrientes y vida.

20110914

Encontrarle a los sentidos, sentimiento,
y poder volar en libertad por mil praderas,
mientras el mundo salta de nube en nube.
Respirar, aire fresco sobre los árboles,
y soñar con una realidad aún posible,
aunque no pueda realizarla nunca.
Llenar de lágrimas tranquilas los ríos,
y romperme con furia contra mis orillas,
mientras me embravezco más y más.
Calentar, con abrazos vacíos pero sinceros,
los días más oscuros y apagados del sol,
en los que caen sus fragmentos del cielo.
A eso aspiro, a mezclar esencias contrarias,
a borrar las pisadas que dejo tras vivir,
para que nadie pueda seguir mi camino,
repleto de gloria y calma, pero tortuoso,
y difícil de soportar en los días de luna.

20110909

En el infinito mundo de mi mente,
existe demasiado ruido, escándalo,
como para poder ver bien las cosas.
El silencio es demasiado abrasador,
y la arena ardiente se vuelve cristal.
Emociones son canales, ríos de agua,
inundaciones sobre la mente, ruina,
y las ideas son la primavera deseada,
una brevedad en los años que pasan.

20110908

Cinco es el número, relajado impar,
que define las muy diversas lineas
por las que me llega el amor y pasión
que tu levantas en mi yermo, abrupto
y enteógeno modo de vida.

Te observo,
me pierdo en el horizonte de tu retina,
aquella división entre el mundo físico,
y la imaginación, ente flotante y esquivo.

Te escucho,
explota el firmamento cuando mi oído,
sobre tu pecho, recibe tus movimientos,
la plenitud de los latidos de tu corazón.

Te rozo,
encuentro estrellas en cada centímetro,
en cada palmo de tu helada y firme piel,
mientras sigo con mi mano tu figura.

Te siento,
mientras te deslizas entre mis sábanas,
puedo notar el perfume que te envuelve,
el olor del amante furtivo y doloroso.

Te saboreo,
cuando nos prestamos, mutuamente,
nuestros danzantes labios, y jugamos
con nosotros mismos, como si bailáramos.

¿Puedes ver ahora como solo puedo sentir,
lo que mi mente logra descifrar del exterior,
en vez de sentir los actos de tu corazón?
Tratarás de reanimarme, pacientemente,
y te desgarrarás en este inútil intento,
sin la certeza de que me pueda recuperar.