20110908

Cinco es el número, relajado impar,
que define las muy diversas lineas
por las que me llega el amor y pasión
que tu levantas en mi yermo, abrupto
y enteógeno modo de vida.

Te observo,
me pierdo en el horizonte de tu retina,
aquella división entre el mundo físico,
y la imaginación, ente flotante y esquivo.

Te escucho,
explota el firmamento cuando mi oído,
sobre tu pecho, recibe tus movimientos,
la plenitud de los latidos de tu corazón.

Te rozo,
encuentro estrellas en cada centímetro,
en cada palmo de tu helada y firme piel,
mientras sigo con mi mano tu figura.

Te siento,
mientras te deslizas entre mis sábanas,
puedo notar el perfume que te envuelve,
el olor del amante furtivo y doloroso.

Te saboreo,
cuando nos prestamos, mutuamente,
nuestros danzantes labios, y jugamos
con nosotros mismos, como si bailáramos.

¿Puedes ver ahora como solo puedo sentir,
lo que mi mente logra descifrar del exterior,
en vez de sentir los actos de tu corazón?
Tratarás de reanimarme, pacientemente,
y te desgarrarás en este inútil intento,
sin la certeza de que me pueda recuperar.

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