20110920

Me dejo llevar por nácares y frutas,
como un viejo y ardiente marinero,
quien vacía su mente de frío y calor
mostrando así sabiduría y libertad.

Extendiendo mis brazos a lo eterno,
recojo el viento bravo a mi espalda
notando alma y desiertos rozarme.
Galopan cuatro caballos en el mar
y arrastran cuadros de pecho y sal,
dejando un rastro fino de espumas,
donde afloran continentes y verdad.

Nacen mil infinidades en los límites,
horizontes de imaginación y realidad,
entrelazándose y formando con hilos,
aquello a lo que llamamos universo.
Pasarán tantas eras como suspiros,
y llegará aquel dulce entendimiento
que nosotros nunca quisimos entender.

Pero se habrán marchitado las horas,
excelente flor de medición y precisión
que solo abarca espacio pero no tiempo,
y quedarán solo pétalos por punteros.

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