20111128

Fugacidad, es el momento entre nosotros,
la habilidad humana de huir con rapidez,
de tantos peligros como amores habrá.
Sagacidad, o la previsión y astucia propias,
el adelantarse con inteligencia a aquello
que destella en los corazones más abruptos.
La destrucción te aguarda, dormitando,
en su oscura caverna de hierro y sal,
contando horas, tejiendo con miles de ellas,
los días que quedan entre salto y salto.
La muerte no camina, espera, paciente.
Mil castillos construidos solo con tiempo,
flanquean cualquier lado al que puedas mirar.
Lucidez, es la propia esperanza, posibilidad
inexacta de lograr llegar unos metros más allá.

20111125

No escucho cuando estoy en el silencio,
ni cuando tus sinceras palabras están,
y me duermo en mi existencia por ti.
Me revuelvo, hirviendo, entre mares,
y de tus manos brotan flores rojas,
y de las mías crecen mil flores amarillas.
Me cubres, me envuelves, me acaricias,
cuando la nocturnidad nos alcanza,
cuando siendo dos, somos mucho menos.
Soy locura y me pierdo con la pasión,
y me dejo llevar por este aire tan frío,
y agradezco llegar a nuevos puertos,
aunque haya olvidado en mi camino
todo aquello que vino antes, y el océano,
me lleva con él y hasta tu blanco vientre.

20111124

Si en algo encuentro mi cordura,
es en la luna o sol de cada hora.
Si el mar es muerte azul y vida,
atarme al mástil es mi elección.
Y en las negras llanuras del alma,
donde un viejo ciprés nos espera,
levantarse cada día es el reposo
que tanto desean quienes duermen.
Silenciosos suspiros los nuestros,
entre altas voces que no dicen nada.
Encontrarse a uno mismo, llorarse,
volver de oro frío el corazón para
empapar con vino la piel que nos cubre.

20111122

Arañazos en mi mente y cristales en mis ojos.
Sangre deshaciéndose a medida que huye,
corriendo bajo mi inerte y ya helada piel.
Aprecia como se escurre entre mí el tiempo,
como me convierto en arena y tú en polvo.
Llora la pérdida de tu amado pues ha muerto,
yo le he asesinado con una bala de fuego y miel.
Y desliza entre mis costillas un cuchillo hirviendo.

Mátame como al asesino que soy, pero no volveré.

¿Lanzarías un chillido agudo al aire con perfección,
rompiendo en lágrimas cuando yo me rompiera?
Ni lo sé yo, ni quiero saberlo. Dime solo quien eres.

Átame, a un enjambre de maldades y ámame.

Corre, entre los pasillos de este laberinto que soy,
busca una salida antes de que desate al Minotauro.
Soy ruina, condena y paraíso en este cuerpo a medias,
en esta cárcel de piel que dices querer pero no desear.
En este palacio de columnas esculpidas tan ligeras,
nadie podrá escucharnos mientras hacemos el amor,
esa máscara del sexo que dice tener los sentimientos
que a mi me faltan, y ya nunca podré recuperar.

20111116

Escucho el ruido de tu blanco,
tono infernal el de tu figura,
pura nieve cálida sobre llano.
Gesto amable de tantas noches,
haber podido amarte, y ahora,
que mi corazón se muere y arde,
siento que no estas y no llegas.
Línea férrea de tortura dulce,
lienzo marcado en blanco roto,
y labios de delirio pasional.
Te he desechado, me he perdido,
y tú no estás, y nunca has estado.
Y el sol muriente de este horizonte,
despierta a la lluvia nocturna,
y amanece una noche más, mi locura.

20111113

¿Porque debería quedarme sentado,
en este desierto de plata y marfil,
cuando puedo caminar por mares?
Océanos de sueños y sangre cálida,
de corrientes que llevan al aire.
No soy viento, agua ni tierra yerma.
Soy fuego, ardo e incendio lo que soy,
para dejar en mi brasas y memoria.
Soy imagen onírica, y aquellos daños,
que a uno mismo afectan, y nada más.
Soy yo sin ti, y contigo solamente sería,
algo mejor a la noche y peor por el día.

20111110

Cartas al amor, a la tristeza, al rechazo. Al propio pasado y al deseo de pasearse por él. De abandonarlo, recordarlo, triturarlo y guardarlo. A la necesidad de encontrar lo que siempre ha estado perdido. Recordar, como siempre intento construir lo que ya está construido. Hacerme ver como siempre mis proyectos favoritos son los más imposibles de realizar. Y eso es lo que me gusta. Las Cartas a la penumbra y a los oídos, a tus susurros, a los míos. A la capacidad de distinguir entre lo que es producto de mi mente y producto de mi fantasía. A perderme y no encontrarme sin mi, y a no querer encontrarme. A cambiar. A olvidar y después querer. Disparar y luego preguntar, o arrepentirse, o no hacerlo pero desear algo distinto para ahora. ¿A que más le podría seguir dedicando mis eternas Cartas?

La luz se convertía entonces en un latido, en un eco más de aquella persona que llegaste a ser. Pero toda época dorada se convierte en plomo con el tiempo. Y tú te convertiste en una pesada estatua con la que yo ya no podía cargar más. Lo que fueron alas blancas, eran ahora anclas oxidadas, que se hincaban en la tierra, y te hacían más difícil de llevar. No quieras comprenderme a mi o a mis motivos. Tu visión, distorsionaba todo lo demás. Aún hoy, lo haría si vinieras a llamar a mi hogar de lluvia. Y dudo que fueras conocedor de esa magia tan estúpida y maravillosa que te envolvía. De ese efecto que con el tiempo se volvió una amarga droga. No una cualquiera, pero si una más. Y no creo que supieras nada en absoluto. No creo que lo llegues a saber nunca.

Ahora, tendido sobre mi recinto, podré hablar contigo si mi mente considera el soñarte. Pero hace mucho que dejo de hacerlo, y tú ausencia ha sido mi cura y mi necesidad. No estás, y no me importa. Desde el principio, no me importó. Pero también desde el primer momento, desee que pusieras fin a la agonía de tú inexistente compañía. Conmigo, sin mí, acompañándome en la soledad que jamás interrumpirías.