20111122

Arañazos en mi mente y cristales en mis ojos.
Sangre deshaciéndose a medida que huye,
corriendo bajo mi inerte y ya helada piel.
Aprecia como se escurre entre mí el tiempo,
como me convierto en arena y tú en polvo.
Llora la pérdida de tu amado pues ha muerto,
yo le he asesinado con una bala de fuego y miel.
Y desliza entre mis costillas un cuchillo hirviendo.

Mátame como al asesino que soy, pero no volveré.

¿Lanzarías un chillido agudo al aire con perfección,
rompiendo en lágrimas cuando yo me rompiera?
Ni lo sé yo, ni quiero saberlo. Dime solo quien eres.

Átame, a un enjambre de maldades y ámame.

Corre, entre los pasillos de este laberinto que soy,
busca una salida antes de que desate al Minotauro.
Soy ruina, condena y paraíso en este cuerpo a medias,
en esta cárcel de piel que dices querer pero no desear.
En este palacio de columnas esculpidas tan ligeras,
nadie podrá escucharnos mientras hacemos el amor,
esa máscara del sexo que dice tener los sentimientos
que a mi me faltan, y ya nunca podré recuperar.

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