20111217

Normalmente, se habría levantado tarde, como un día más del apacible permiso. Sin embargo, esa mañana Friedrich Miller debía levantarse antes de lo que ya estaba acostumbrado para presentarse en la oficina central del gobierno. Su tiempo de descanso acababa en dos días y debía prepararse para volver al servicio activo como comandante de la 'Eneas', un destartalado crucero de edad ya inimaginable, lo antes posible.

Se levantó lo más rápido que le permitió su resaca, y lo primero que hizo fue deslizarse hasta el salón para encenderse uno de los puros que estaban en la mesa de cristal que adornaba la sobria estancia. Mientras inhalaba y exhalaba lentamente veneno, se decidió por echar una ojeada a los viejos informes que se le habían acumulado desde hacía meses. Misiones, campañas, actas de defunción y demás papeleo que decidió, al cabo de unos minutos, seguir acumulando hasta que el plazo de entrega se le viniera encima y tuviera que hacerlo. Deambuló de un lado a otro de la casa, y lo único que llego a hacer en toda una hora fue ponerse un vaso de whisky con la intención de apaciguar así el malestar que su cuerpo tenía de la noche anterior. Tras vaciar, poco a poco, su vaso, lanzó con cierto aburrimiento una mirada por el ventanal del salón para ver el gris de la ciudad, y sus ojos se desplazaron después hacia el reloj, dándose cuenta de que ya llegaba tarde. A las prisas, se aseó, vistió y encendiéndose otro puro, tomó rumbo a la puerta. Una vez estuvo en la calle, cogió rumbo al centro y echó a andar, entre la polución que se acumulaba en la ciudad y el polvo que se levantaba los días de viento en Marte.

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