20111205

Puedo verte, tan nítido y claro.
Eres un reflejo de simple agua y luz,
el claroscuro de mis muchas venas,
y la sal sobre mis viejas heridas.
Tus palabras nunca llegan, jamás.
Eres mi silencio. Somos silencio,
y te odio en mis escasos momentos
en los que recuerdo que puedo sentir.
Me provocas más locura de la que soy,
y cuando decides darme tus ojos,
praderas, ríos, mundos y desiertos,
solo puedo asentir con el corazón,
y rotundamente, negarme en seco,
despejarme y volver a ser el frío yo.

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