20120226

Construir, los caminos de plata
y las estructuras de luz y cristal.
Romper el cielo y con cada trozo,
crear en el suelo mil nubes blancas,
sobre las que descansar un día de Sol.
Hacer de una ciudad, mundo y vida,
y de sus instantes una rutina cambiante,
y de sus momentos fugaces, sonrisas.
Eres el oro y el marfil, el platino,
la cadena dulce y fina de la cordura.
El Sol baja tras la montaña y piedra,
y el sueño brilla como una sonrisa.

20120218

Crearon con ladrillos rojos grandes bóvedas,
bóvedas flagrantes y que danzaban enlazadas.
Sujetaban con firmeza el domino de los cielos,
la arena roja se deslizaba con el viento, huía.
Tranquilos pasos en el edificio, vacío, solo,
mi mente es un lugar donde me abandono.
No hay nadie, nadie logra llegar, al subsuelo,
a las bóvedas bajo las cuales me encuentro.
Estar y no estar se convierte en lo mismo,
algo sencillo y complejo, perfecto, y no.
Querer estar acompañado dentro,
y nadie molestando más allá de los muros,
y nadie llega hasta el interior de uno,
y todo el mundo fuera, siempre molestando.

20120215

Hélices doradas girando en el cielo,
deshaciendo poco a poco las nubes,
convirtiéndolas en polvo y espuma.
Recuerdos acechando novedad,
arcos disparando flechas de cristal,
rompeolas que no paran al viento.


Un palacio en medio de la nada,
un desierto es un imperio y más,
arena salpicando nuestros huesos,
dulces sueños que se han perdido.


Una imagen, una reacción, una,
un momento en el que estamos,
nos quedamos detenidos, seguimos,
y la imagen ya no vuelve a estar.


Las bóvedas de mi mente huyen,
si tú apareces un segundo o más,
dejando caer los siglos dementes.
Como un recuerdo fugaz vuelves,
y te marchas más lejos que antes,
se crea del palacio un desierto.
En este lugar tan recóndito,
bajo las luces tenues del fósforo,
luce la serena llama de la fantasía.
Creación y creado de la mano,
los hijos, volviendo al padre.
Repleta de serenidad la tinta,
cada letra, perfilada y escrita,
y el amanecer de tenue anaranjado.
El oro, y los colores vidriosos,
son los ojos que nos observan,
son el cálido umbral de la puerta,
y la mágica entrada al lugar,
donde abundan los calores.

20120206

Las sábanas tristes se elevan en el viento,
vacías y desnudas, como caricias.
Rompen entre ráfagas como olas,
contra la piedra de mi mente, y su sal
cubre cualquier rastro de sangre.
Vuelan sobre ellas augurios marinos,
danzas orbitales y señales de humo.
Vuelan cada vez más alto sin retroceder,
sin temer caer al tiempo, sin temer nada.
Ni la soledad que allí arriba nos espera.