20120218

Crearon con ladrillos rojos grandes bóvedas,
bóvedas flagrantes y que danzaban enlazadas.
Sujetaban con firmeza el domino de los cielos,
la arena roja se deslizaba con el viento, huía.
Tranquilos pasos en el edificio, vacío, solo,
mi mente es un lugar donde me abandono.
No hay nadie, nadie logra llegar, al subsuelo,
a las bóvedas bajo las cuales me encuentro.
Estar y no estar se convierte en lo mismo,
algo sencillo y complejo, perfecto, y no.
Querer estar acompañado dentro,
y nadie molestando más allá de los muros,
y nadie llega hasta el interior de uno,
y todo el mundo fuera, siempre molestando.

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