20120516

Pues he caído, ría todo de mis labios
y perfore con sal amarga mis costillas
el mal que en todo acecha, meditando.
Que la energía que en mí abunda,
que al hombre entero le parta en dos,
y me deje en doce esqueletos brillantes.


Que caiga la luz más brillante del aire,
y me reniegue de rodillas si es capaz,
pues no creo en nada más fuerte
ni en nada más débil que la unidad,
frío y sólido conglomerado actual.


Que los cambios duerman y despierten,
para vivir en novedad y no perder nada,
y mantener vivo al pasado y al futuro,
y necesitar a ambos para poder continuar,
y haberlos necesitado para continuar.
Somos líderes de esta edad dorada
que pasamos sentados, ciegos, sucios,
y que ahora ha pasado a mejor vida,
que nos ha deslizado en lo que es plata
y en lo que es bronce un segundo más.


En la alta colina asoma un palacio azul,
de lapislázuli con mármoles y vidrieras,
con su trono singular y su cama vacía,
y dirigen reyes sus tierras yermas
cuando han olvidado la importancia.


Aparece el hombre hecho metal, 
como un nuevo pecado cubierto
y avanza su rostro hacia su igual,
para hacerle partícipe de su caída,
y arrastrar con él a quien pueda.


Y el mundo se queda vacío, muerto,
entra en una edad de marfil devastado
y se deshace como el hielo en este ardor,
y soñamos que aún estamos algo vivos,
pero nosotros nos hemos acabado.