20140831

Por cierto:
el verano, marrón. No es mal color.
Puedes pensar en oscuro, negativo;
a veces está bien el verde pero, ¡llena!
El marrón es de mi amante, o amado.
Ambas son lo mismo para mí.
Y el marrón solo es materialización.
Solo eso, pero es mucho más.
Pero también es suyo el azul, y el blanco.
Todo el espectro, si profundizamos.
Pero el verano, se resume más así,
en marrón-o-perfecto.
El futuro llegó, y no me preparé.
Me gustaría pensar que he dejado huella,
algo de tono blanco o un rayo de Sol,
en tantas almas como he podido sentir,
y no este sentimiento sin descripción.

Cambiar, cambiar, ¿cuantas veces?
He oído, he dicho, natural y artificial.
¿Alguna vez llegó algún cambio?
Me siento el niño infantil y soñador,
el adolescente doliente y estúpido,
el joven absurdo y teorizante,
el presente perdido y encontrado.

Me estoy sincerando, expresando,
abriéndome tanto, que casi muero.
El núcleo jamás cambia radicalmente;
se fusiona y se fisiona, pero uno está.
Y aquí estoy.
Mi sempiterna nostalgia, melancolía.
Mi locura, mi espontaneidad.
Mi núcleo curioso e inconsciente.

Sigo sin saber controlarme, aún.
Me temo que jamás lo lograré.
Tantos años han pasado ya
desde el momento aquel en que, yo,
comencé a fallar.
Mis emociones, sentimientos,
mis funciones más primarias,
toman tantas veces el control.
No soy dueño de mis actos,
mis pasiones son dueñas de mí.

Y mi memoria se desgasta tanto;
siempre fui demasiado disperso.
Mi mente viaja a tantos lugares,
en direcciones opuestas,
tan lejos.
Y ahora.
Me preocupan solo los recuerdos.
Cada vez, se marchan más;
y no guardé fotos, cuando debía,
ni escribí cartas o textos.
Aparqué mi memoria por incontrolable,
y ahora no duele por reciente,
si no por que en su lugar hay nada.
Y nadie.

Todo ha cambiado tanto, tanto.
Que caminos más profundos e inimaginables.
Ninguna célula de mi cuerpo parece igual.
Ninguna faceta de mi mente semeja la misma.
Solo el átomo de mi ser se mantiene,
con sus adiciones y sus particiones,
flotando en algún lugar de lo que llaman alma.
Y la luz de las estrellas que están a años luz,
y llegan ahora a nosotros;
esa luz sigue siendo la misma.

He avanzado tanto, que tengo que avanzar.
Y jamás avanzaré sin decir lo que debo:
quizás lo siento tanto, con tanta fuerza.
Exceptuando el quizás.
Quizá lamento mi frialdad cruel,
mis malos actos y malas sensaciones.
Soy un mal compendio:
Pasión y Orgullo.
En ese orden.
Ese fatídico orden que me llevo por mal camino,
a buen lugar.

Siempre creí en la fortuna. He tenido suerte.
Encontrar unos brazos tan dulces,
que me llevan tanto tiempo abrazando.
Alguien que logra sostener mis impulsos,
sin apretar ni doler.
No limitas mi pasión ni orgullo,
solo me encauzas tan bien.
Me tomas con tu mirada, azul cósmico.
Me elevas si bajo, pero jamás me bajas,
solo me llevas más alto,
quizás eso sea lo mejor.
Pero todo es lo mejor.

Desde que comenzó este océano,
dejé atrás mi hielo,
mi cierre.
Partiste mi lado más negro,
que se fue tan lejos.
Pero ahora temo que eso sea,
lo más negro de mí,
lo único que quedará de mí.
En aquellos, esos o vosotros,
mi pasado doliente
de mi presente feliz.

Quizás lo siento tanto, con tanta fuerza.
A la niña y chica que siempre estuvo,
una media de tantas historias y felicidad.
Tanto inexpresablemente dicho.
Momento tras momento, recuerdo.
Y recuerdo la afirmación:
el pasado no sostiene el presente.
Pero ojalá.

Y la juventud viva, culta, alegre,
más efímera pero, tan intensa.
Charlas en el mejor pueblo de ficción,
Poemas compartidos, y teorías,
e ideas, y sentimientos también.
Tan horrible mi huida.

También las tardes de casi fama,
o las horas muertas revividas,
y los últimos minutos tan lentos,
siempre, por suerte.
Perder el control y correr.

Y a la pequeña muchacha alegre,
siempre tan despacio, pero ahí estuvo,
todo durante tantos años.
Y cuando más grandes pudieron ser,
esos años de diversión y confianza,
resultaron el fin.
Aunque esto, algo se reconstruyó.

Y tanto más, ahora cayendo:
en el paso del tiempo, no todo aguanta.
No pretendía la inmortalidad,
ni mía ni de nadie; la renovación,
es necesaria.
Pero mi memoria, mi memoria.
Cada día está más lejos,
y la necesito más cerca.

Irónico.
Mi pasado me rehuye.
Y estudio el pasado.
Pero vivo el presente.
Y sueño con el futuro.
Y puedo decir, felicidad,
besando con ternura o sensualidad.
Pero el problema de tener sentimientos,
es reconciliarse con el pasado,
que se llevó tus sentimientos.